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lo más importante

lo más importante
Si pasara mi vida delante de mis ojos...

viernes, 22 de febrero de 2013

Antoine.

I
Antoine, era un joven de una silueta extraña, a veces parecía ser tan solo un niño, y otras tantas al verlo caminar con las manos dentro de los bolsillos del pantalón, un diablo que deambula perdido en el mundo, todo dependía del brillo en sus rasgados ojos marrón. Tenía  un cabello hermoso, con finas hebras de un suave color marrón un poco más oscuro que el de sus ojos, como cuando se vierte el chocolate recién derretido , era tan liso y dócil como fibras de seda, y por lo general caía sobre su frente de manera graciosa y sutil. Su rostro era absolutamente simétrico, su tez blanca, sus cejas como si hubiesen sido dibujadas una por una en un orden alterado a propósito para hacerle ver más varonil, una hermosa nariz recta que caía en una boca de labios gruesos y rosados, para terminar en un disimulado mentón. Podría ser una descripción un tanto común para un joven atractivo, sin embargo, un detalle hacía que su belleza no pudiera ser clasificada, incluso a veces de pensarlo, belleza ni siquiera era la característica que se predicaba de su rostro, cuando Antoine miraba fijamente a las personas que le rodeaban, las demás personas, incluso las osadas, involuntariamente se veían forzadas a mirar al suelo, como si evitaran leer un mensaje que por cierto, presentían no querían conocer. Sus ojos, parecían tener vida propia.


II
Una noche se colocó a caminar en la dirección opuesta a la que había planeado. Cuando intentó pensar, se dio cuenta de que solo podía describir lo que veía, era como una vídeo cámara grabando una serie sucesiva de cuadros que pasaban ante sus ojos y que se conectaban fielmente en su cabeza sin la más mínima variación que pudieran causar sus apreciaciones. No habían sensaciones, ni pensamientos, no había nada, siempre era así, no acudían adjetivos, ni verbos a su boca, solo sustantivos, siempre comunes.

III
Una tarde de abril, saliendo del liceo, iba pensando en algo que alguien había gritado en el camino dentro del tumulto de personas que se formaba a esa hora, en la que todos corren por llegar a casa. Se paró con las manos en los bolsillos junto a una amiga que hablaba con alguien más, puso atención a la conversación que era una charla contingente y común en días de descontento y disturbio social , escuchó a la joven de ojos  convincentes hundiendose lentamente en sus palabras. 
- Anne, no me gusta las cosas que dices, mañana hay que venir a clases igual, tú tienes parte del trabajo del martes, y yo no quiero entregarlo tarde, lo sabes bien, o lo traes o tendré que ver otro grupo-, Anne contestó con la misma actitud segura que venía cultivando desde que vio su capacidad de convencer al público, -Has como quieras, pero mañana no vendré, escuché argumentos de una asamblea, en la cual por cierto hice efectivo mi  derecho de hacerme parte, e incluso ejercí mi derecho de hablar dentro de ella, escuché a otros, reflexioné y al fin, cuando culminó en una votación, después de haber seguido todos los pasos propios de una democracia, me hice parte de la decisión mayoritaria, porque mi libertad me permitió exponer mis argumentos y escuchar los de otros alumnos libres, haré a mi libertad una con mi respeto, y cumpliré la decisión que bajo un proceso correcto fue adoptada, aún cuando no coincidiera con la mía. Marice, lo siento, pero si me ves llegar mañana, no solo me miento a mi y a mis ideales, sino también defraudaré al amor de mi vida, que si es cierto que las almas se reencarnan, puede andar por ahí esperando a verme, y yo que ya le conozco a través de Platón, no podré corresponder a su amor con una actitud tan poco honrosa. En fin, que estés bien, ya me voy.- Marice la siguió ofuscada, pensando que Anne desde que estaba sumergida en los famosos libros de filosofía hablaba de cosas que ella ya no entendía, y que no le interesaba entender.
Antoine, las seguía a ambas, pero caminaba ya casi en el aire, iba como bajo hipnosis por la calsada y ya ni siquiera recordaba porque caminaba, solo seguía a la joven que recién había escuchado hablar, y pensaba si era verdad que las palabras pronunciadas eran "democracia", "libertad", "Platón", y todas venían de una misma persona de su misma edad, escuchó a Marice a lo lejos dirigiéndole exaltada unas cuantas palabras en las que no pudo pensar ni hilar. De pronto le dijo a Marice que ya estaba cansada de hablar sin recibir respuesta.- Marice, está oscuro, acompañemos a tu amiga hasta la avenida, luego nos vamos a casa-. Todo esto lo dijo ya lejos de Marice, ya cerca de la joven, que desde entonces para él, se llamaba Anne.

viernes, 1 de febrero de 2013

Anne, Relatos De Escritorio.

I
Por la mañana, un rayo de luz cambió el color que se dejaba ver a través de sus párpados, primero un tenue naranjo hasta tornó en rojo, entraba el viento por la pequeña ventana corredera que había dejado sutilmente abierta en la noche y algunas hojas se habían dejado caer a alguna hora de la madrugada a través de la alcoba. Cuando abrió los ojos completamente, el sol ya estaba en lo alto  y la alarma del teléfono, cansada, dejaba de sonar tras un golpe que debió haberse dado hace algunas horas desde la cama.
Anne siempre al despertar se hacía la misma pregunta de rigor, como si aquel fuera el día, el gran día en que su extraviada mente encontrara la respuesta, y desde entonces, como si fuera un conjuro, todo pudiera arreglarse en su vida, partiendo desde aquel día. Pero nuevamente cuando se preguntó porque debía levantarse, ninguna respuesta acudió en su auxilio.

II
A la mañana siguiente, el comienzo fue distinto, comenzó con  goterones grises derramandose por sus mejillas. Había planeado antes de dormir la estrategia para el gran día, pero durante la noche, un sueño que no recordaba extrañamente le había traído el recuerdo de todo lo que quería olvidar, cuando abrió los ojos el sol no estaba en ninguna parte, y solo contrajo la mirada, tragó la saliva que la angustia le tenía acumulada en la garganta, agarró con mucha fuerza la frazada contra sí y se dio la vuelta dándole la espalda al día, a las horas que venían y a los días venideros. Cuando las lágrimas ya habían dejado de hacer surcos hasta su cuello, aún sin ganas, igual que el día anterior se levantó. Y su día siguió con la voluntaria directriz de no hacer absolutamente nada.

III
Para las 6 de la tarde del viernes, su temperamento había evolucionado como el tiempo luego de un huracán, por la mañana había tenido una gran idea para un cuento, y con la certeza del éxito y la fluidez que otorga la inspiración se había dispuesto a escribir las primeras líneas con la esperanza de que las demás surgieran armónicamente de su imaginación, pero un error en los comandos del teclado, al cual recurría solo cuando no tenía su cuaderno cerca ya que desde siempre tuvo cierta desconfianza en la electricidad , fundada por cierto en infortunadas experiencias, le hicieron perder el emocionante comienzo de "había una vez". Molesta e irritada, durante el día las pocas palabras que salieron de su boca, más bien parecían ladridos de un enfurecido animal.  A las seis de la tarde, caminaba hacía la plaza que quedaba a pocas cuadras de su casa, tenía en la mente la sola idea de que veintiséis años, era suficiente, era un exceso para no tener ninguna idea del futuro, seguía hilando más pensamientos de las mismas tonalidades, cuando su vestido verde se onduló graciosamente, ni siquiera se había percatado de que había llegado al cruce y que un auto había rosado su cuerpo recién.  Miró lejos, y una silueta despistada, la hizo confirmar que su amiga ya estaba ahí, desde que habían acordado el encuentro no sabía que era lo que le iba a decir, pues siempre tuvo la sensación de que a Elisa sus relatos le resultaban repetidos, y que toda la emoción que provocaba la historia en otros, ella la había sentido tiempo atrás al consultarle a las cartas, pero todo aquello era solo una sensación.
Anne caminaba hacía el centro de la plaza, y desviaba la vista hacía las costuras de su vestido, pues siempre le había parecido realmente incomodo el momento entre que se divisa a alguien hasta que se está frente a él. Cuando llego al banco, su amiga ya la esperaba de pie con un fuerte abrazo, y hasta entonces Anne no se había percatado de cuanto lo necesitaba. Eran las seís con diez, cuando Elisa comenzó con su relato de manera alegre y efusiva, parecía no solo que no le importaba tener condescendencia por el triste verano de Anne, sino que su tono de voz y su gesticulación querían dar más énfasis a aquellas ideas felices que la rodeaban. Anne escuchaba atenta y emocionada, consiente de que debía dejar atrás su egoísmo y debía sentirse alegre porque alguien a quien quería realmente, y la cual la vida le estaba dando un gran momento. Luego vino el momento de Anne, y en sus ojos, algo cambió.