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lo más importante

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Si pasara mi vida delante de mis ojos...

viernes, 1 de febrero de 2013

Anne, Relatos De Escritorio.

I
Por la mañana, un rayo de luz cambió el color que se dejaba ver a través de sus párpados, primero un tenue naranjo hasta tornó en rojo, entraba el viento por la pequeña ventana corredera que había dejado sutilmente abierta en la noche y algunas hojas se habían dejado caer a alguna hora de la madrugada a través de la alcoba. Cuando abrió los ojos completamente, el sol ya estaba en lo alto  y la alarma del teléfono, cansada, dejaba de sonar tras un golpe que debió haberse dado hace algunas horas desde la cama.
Anne siempre al despertar se hacía la misma pregunta de rigor, como si aquel fuera el día, el gran día en que su extraviada mente encontrara la respuesta, y desde entonces, como si fuera un conjuro, todo pudiera arreglarse en su vida, partiendo desde aquel día. Pero nuevamente cuando se preguntó porque debía levantarse, ninguna respuesta acudió en su auxilio.

II
A la mañana siguiente, el comienzo fue distinto, comenzó con  goterones grises derramandose por sus mejillas. Había planeado antes de dormir la estrategia para el gran día, pero durante la noche, un sueño que no recordaba extrañamente le había traído el recuerdo de todo lo que quería olvidar, cuando abrió los ojos el sol no estaba en ninguna parte, y solo contrajo la mirada, tragó la saliva que la angustia le tenía acumulada en la garganta, agarró con mucha fuerza la frazada contra sí y se dio la vuelta dándole la espalda al día, a las horas que venían y a los días venideros. Cuando las lágrimas ya habían dejado de hacer surcos hasta su cuello, aún sin ganas, igual que el día anterior se levantó. Y su día siguió con la voluntaria directriz de no hacer absolutamente nada.

III
Para las 6 de la tarde del viernes, su temperamento había evolucionado como el tiempo luego de un huracán, por la mañana había tenido una gran idea para un cuento, y con la certeza del éxito y la fluidez que otorga la inspiración se había dispuesto a escribir las primeras líneas con la esperanza de que las demás surgieran armónicamente de su imaginación, pero un error en los comandos del teclado, al cual recurría solo cuando no tenía su cuaderno cerca ya que desde siempre tuvo cierta desconfianza en la electricidad , fundada por cierto en infortunadas experiencias, le hicieron perder el emocionante comienzo de "había una vez". Molesta e irritada, durante el día las pocas palabras que salieron de su boca, más bien parecían ladridos de un enfurecido animal.  A las seis de la tarde, caminaba hacía la plaza que quedaba a pocas cuadras de su casa, tenía en la mente la sola idea de que veintiséis años, era suficiente, era un exceso para no tener ninguna idea del futuro, seguía hilando más pensamientos de las mismas tonalidades, cuando su vestido verde se onduló graciosamente, ni siquiera se había percatado de que había llegado al cruce y que un auto había rosado su cuerpo recién.  Miró lejos, y una silueta despistada, la hizo confirmar que su amiga ya estaba ahí, desde que habían acordado el encuentro no sabía que era lo que le iba a decir, pues siempre tuvo la sensación de que a Elisa sus relatos le resultaban repetidos, y que toda la emoción que provocaba la historia en otros, ella la había sentido tiempo atrás al consultarle a las cartas, pero todo aquello era solo una sensación.
Anne caminaba hacía el centro de la plaza, y desviaba la vista hacía las costuras de su vestido, pues siempre le había parecido realmente incomodo el momento entre que se divisa a alguien hasta que se está frente a él. Cuando llego al banco, su amiga ya la esperaba de pie con un fuerte abrazo, y hasta entonces Anne no se había percatado de cuanto lo necesitaba. Eran las seís con diez, cuando Elisa comenzó con su relato de manera alegre y efusiva, parecía no solo que no le importaba tener condescendencia por el triste verano de Anne, sino que su tono de voz y su gesticulación querían dar más énfasis a aquellas ideas felices que la rodeaban. Anne escuchaba atenta y emocionada, consiente de que debía dejar atrás su egoísmo y debía sentirse alegre porque alguien a quien quería realmente, y la cual la vida le estaba dando un gran momento. Luego vino el momento de Anne, y en sus ojos, algo cambió.

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