Nos sentamos en una escalera que llevaba a un condominio alejado en lo alto de San Lucas. Era tan reciente la forma en la que nos habíamos conocido y ya tanto nos habíamos dicho en miradas, que resultó embarazoso actualizar el avance de nuestros sentimientos en palabras, así que ambos simplemente nos seguimos mirando hasta que naturalmente pudiésemos hablar de lo que fuera, sin sopesar la importancia o pertinencia del tema entre ambos. Resultó difícil ser simples humanos entre nosotros, como si la propia naturaleza de la que estábamos hechos fuera mundana e insuficiente para mostrársela al otro.
Hubiese deseado que ese día desistieras de la pregunta más lógica que podíamos hacernos el uno al otro, así no habría desbordado por mis mejillas el mar de emociones que habías eclipsado cada vez que te veía. Sin poder respirar, ni explicar mi llanto desconsolado, fui enormemente veloz en mostrar mi humanidad reducida a una niña abrazándose sus rodillas, protegiéndose de sus circunstancia como una pequeña bolita. No pude decirte que en verdad no estaba serena todo el tiempo y que sonreía genuinamente solo cuando encontraba tu mirada, que antes de verte, había cambiado las flores de la tumba de mis padres, había limpiado el pequeño monte donde descansaban y que antes de venir me había recostado en el pasto junto a ellos para sentir que los abrazaba, que me sentí tan sola, que me revolqué junto a las flores gritando y llorando hasta que me quedé dormida sin energías junto a la foto de ambos que siempre llevo conmigo. No pude contarte que así había transcurrido mi día hasta la hora en que llegué a verte.
El que no sabe llevar su contabilidad, por espacio de 3000 años se queda como un ignorante en la oscuridad, y solo vive al día. Goethe.
lo más importante
Si pasara mi vida delante de mis ojos...
domingo, 27 de agosto de 2017
만나서 반가워요
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