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Si pasara mi vida delante de mis ojos...

lunes, 13 de mayo de 2013

Noche de primavera en la plaza frente a la catedral.

Era el vuelo de las 13:30 y el retraso ya tomaba 40 minutos. La ansiedad se podía percibir en sus movimientos torpes al coger al teléfono y luego devolverlo a su abrigo, cogerlo nuevamente, mirar la hora  y colocarlo en el bolso de mano, cada un par de minutos Anne inspiraba muy fuerte y dejaba salir un suspiro tan desanimado como su expresión. Había pensado tanto tiempo en si debía o no hacer ese viaje, que no podía creer que se presentaran tantos problemas desde que la decisión había sido tomada. En esos momentos de angustia solo pudo evocar el recuerdo de una noche estrellada en la plaza de su ciudad natal, recordaba que era ya primavera, pero que aún así corría un suave viento fresco, cerró los ojos y esbozo una sonrisa de alegría pues casi lo podía sentía en la cara, y ese suave olor a las primeras flores de los cerezos que hacían de marco y límite de la gris losa. Recordó que esa noche habían muchas estrellas, y cuanto amaba poder mirarlas y no contenerlas todas en el limitado cuadro que captaban sus ojos, le emocionaba que se vieran tan cerca y con una vista tan limpia, no como en las otras ciudades, donde mirar al cielo de noche terminaba siendo una estupidez o una perdida de tiempo. Alguien apresurado por coger su vuelo, pasó por su lado rosando sin querer su mano, el leve contacto hizo que Anne diera un desesperado grito hacía adentro, volviendo a la terminal de pronto y dejando caer su bolso mal cerrado bajo los asientos de la sala de espera, su primera impresión al leve tacto fue la de haber sentido un muerto, luego, su decepción la hizo brotar tal cantidad de lágrimas en sus redondos ojos, que tuvo que bajar la vista con rapidez para recoger lentamente sus cosas, deshaciéndose, en la actividad que retraso tanto como pudo, de la gran mayoría de ellas. 

Estaba en la acera con su abrigo negro y una bufanda que adoraba cogida al cuello, se reía con una emoción de ansiedad, complicidad y osadía. Recién había visto entrar a unas personas al patio del condominio, en la plaza, nadie los miraba, así que él dijo- es ahora o nunca-, y tomó a Anne, sin que pudiera resistirse, ni pensarlo, ambos pusieron una cara seria y sostuvieron la puerta antes de que se cerrara por completo. Antoine, la llevó con su mano cubriéndole la espalda, con la delicadeza de estarla haciendo entrar en su hogar que ahora hacía de ella su total dueña. Anne lo miraba a los ojos con la expresión de estar altamente complacida y honrada, sintiéndose dueña de lo que el quisiese compartirle. Anne le cogió del brazo, y caminaron por los jardines del condominio como dos sujetos distinguidos, de una época pasada,  hacían un hermoso juego con las sombras y el brillo plateado de la luna que cubría los bancos de madera y las copas de los árboles, caminaban en silencio, mirándose a los ojos fijamente, agradecidos, emocionados, caminaban sabiéndose pertenecer uno al otro, como nadie nunca podría pertenecerles. Afuera en la plaza, el tiempo parecía haberse detenido. De pronto, alguien habría la puerta, ambos se sobresaltaron, y Anne, tiró del brazo de Antoine que parecía no reaccionar, abriendo los ojos y mirandole fijamente, le indico que debían salir, saludó con toda seguridad a quien entraba, y le dijo a su caballero de plata - Gracias querido-. Cuando cerró la puerta del jardín, una voz metálica y automatizada dijo, - Pasajeros del vuelvo 13:30 a Nueva Orleans, hacer el favor de abordar su vuelo- y, sus ojos volvieron del pasado a enfocar la pista de vuelo que había comenzado a observar a través de la vidriera luego de recoger sus cosas. Tomó aire y se dirigió a la puerta de embarque.

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