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lo más importante

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Si pasara mi vida delante de mis ojos...

miércoles, 11 de septiembre de 2013

El diario de Anne, día 1

En la noche se sentía en el ambiente ese enrarecida sensación de que se trataba simplemente de un sueño, los rostros indefinidos de las personas, los colores pálidos del lugar. Recién alguien hablaba a lo lejos o para sí del hospital, de los enfermeros ineficientes, otros comentaban de la escasa gesticulación del paciente y de la creciente fiebre que se daba por la noche. Algunos en silencio lloraban. 
Yo en cambio, estaba en otro lugar, era más real y agradable, no había nada, o bien estaba en blanco o negro, pero no había nada.

sábado, 29 de junio de 2013

Final

Para Anne la vida tenía otra oportunidad, había nacido, había vivido y yació en su muerte. Pero la vida le había dado una nueva oportunidad. Siempre estuvo molesta en su vida anterior, porque sentía muchas cosas, y cada una de ellas las sentía aún más de lo normal, fue cultivando en su interior un profundo rencor por las circunstancias que la acompañaban, porque sentía que aquellas que no podía elegir la habían marcado de forma definitiva, porque su vida no era un abanico, sino una línea, un trazo marcado, con cosas buenas y malas, pero escritas por otro autor, uno ajeno a su imaginación, lejano y desconocido. Alguna veces la vida le dio lo que pedía, pero siempre sintió que no podía escribir su historia, y que incluso aquello que deseaba estaba dentro del plan, siempre se sintió muy consiente, viendo su vida pasar, con un rol secundario, jamás la vivió.

Antoine fue el único que por algunos segundos le hacía olvidar su tediosa tarea de tomar notas de su propia vida, a veces la hacía sentir como en su propio hogar.
Estaba feliz de su paso por la vida junto a él, en algunos pasajes. No quiso recorrer lo oscuros. Una vez que se levantó y abandonó su propia muerte, Anne recordó llevar consigo una sonrisa, la vida escrita yacía en el papel.

Tenía 27 años, Anne tan solo tenía 27 años, pero su conciencia vivió por ella como si hubiesen sido 100. Los sentimientos la abandonaron, en el vacío, que no sentía ya, su sonrisa era algo que venía con ella, igual que su pelo, recordó sentimientos sin sentirlos y se sintió hecha de un nuevo material, todo lo vio, pero no pudo explicar nada, todo se sostenía en el aire y ya parecía la historia de alguien ajeno, el rencor también se había ido. Vivió lo que debía vivir, sintió lo que era necesario sentir, conoció a quien ella había elegido conocer, fue pequeña, mediana y muy grande, ya había vivido y eso fue todo.

El Interior.

Escuchaba como retumbaba la voz de su hermano dentro de su cabeza, al principio entendía algo,  y su mente trabajaba tan rápido como los zarpasos que salían de su boca, trabajaba en pequeñas apologías para tratar de defender lo indefendible, el error de como había en caminado toda su existencia.

De pronto ya no escuchaba nada, y su ojos se perdieron entre tanto insulto que recibió, el dolor en dosis la hizo ir descendiendo poco a poco a su interior, y una vez dentro, con los ojos llenos de lágrimas, ya no escuchaba a su hermano, estaba buscando a Antoine.

lunes, 13 de mayo de 2013

Noche de primavera en la plaza frente a la catedral.

Era el vuelo de las 13:30 y el retraso ya tomaba 40 minutos. La ansiedad se podía percibir en sus movimientos torpes al coger al teléfono y luego devolverlo a su abrigo, cogerlo nuevamente, mirar la hora  y colocarlo en el bolso de mano, cada un par de minutos Anne inspiraba muy fuerte y dejaba salir un suspiro tan desanimado como su expresión. Había pensado tanto tiempo en si debía o no hacer ese viaje, que no podía creer que se presentaran tantos problemas desde que la decisión había sido tomada. En esos momentos de angustia solo pudo evocar el recuerdo de una noche estrellada en la plaza de su ciudad natal, recordaba que era ya primavera, pero que aún así corría un suave viento fresco, cerró los ojos y esbozo una sonrisa de alegría pues casi lo podía sentía en la cara, y ese suave olor a las primeras flores de los cerezos que hacían de marco y límite de la gris losa. Recordó que esa noche habían muchas estrellas, y cuanto amaba poder mirarlas y no contenerlas todas en el limitado cuadro que captaban sus ojos, le emocionaba que se vieran tan cerca y con una vista tan limpia, no como en las otras ciudades, donde mirar al cielo de noche terminaba siendo una estupidez o una perdida de tiempo. Alguien apresurado por coger su vuelo, pasó por su lado rosando sin querer su mano, el leve contacto hizo que Anne diera un desesperado grito hacía adentro, volviendo a la terminal de pronto y dejando caer su bolso mal cerrado bajo los asientos de la sala de espera, su primera impresión al leve tacto fue la de haber sentido un muerto, luego, su decepción la hizo brotar tal cantidad de lágrimas en sus redondos ojos, que tuvo que bajar la vista con rapidez para recoger lentamente sus cosas, deshaciéndose, en la actividad que retraso tanto como pudo, de la gran mayoría de ellas. 

Estaba en la acera con su abrigo negro y una bufanda que adoraba cogida al cuello, se reía con una emoción de ansiedad, complicidad y osadía. Recién había visto entrar a unas personas al patio del condominio, en la plaza, nadie los miraba, así que él dijo- es ahora o nunca-, y tomó a Anne, sin que pudiera resistirse, ni pensarlo, ambos pusieron una cara seria y sostuvieron la puerta antes de que se cerrara por completo. Antoine, la llevó con su mano cubriéndole la espalda, con la delicadeza de estarla haciendo entrar en su hogar que ahora hacía de ella su total dueña. Anne lo miraba a los ojos con la expresión de estar altamente complacida y honrada, sintiéndose dueña de lo que el quisiese compartirle. Anne le cogió del brazo, y caminaron por los jardines del condominio como dos sujetos distinguidos, de una época pasada,  hacían un hermoso juego con las sombras y el brillo plateado de la luna que cubría los bancos de madera y las copas de los árboles, caminaban en silencio, mirándose a los ojos fijamente, agradecidos, emocionados, caminaban sabiéndose pertenecer uno al otro, como nadie nunca podría pertenecerles. Afuera en la plaza, el tiempo parecía haberse detenido. De pronto, alguien habría la puerta, ambos se sobresaltaron, y Anne, tiró del brazo de Antoine que parecía no reaccionar, abriendo los ojos y mirandole fijamente, le indico que debían salir, saludó con toda seguridad a quien entraba, y le dijo a su caballero de plata - Gracias querido-. Cuando cerró la puerta del jardín, una voz metálica y automatizada dijo, - Pasajeros del vuelvo 13:30 a Nueva Orleans, hacer el favor de abordar su vuelo- y, sus ojos volvieron del pasado a enfocar la pista de vuelo que había comenzado a observar a través de la vidriera luego de recoger sus cosas. Tomó aire y se dirigió a la puerta de embarque.

lunes, 29 de abril de 2013

Trazo circular

Por la noches solía preguntarse dónde estaba Antoine, por qué no renovaba su promesa de no dejarla ir nunca, y le extrañaba con cada parte de su ser, más no cogía el teléfono, ni buscaba nada de él en la computadora, le enviaba un mensaje con el alma, tal como se llama a los muertos, pues desde el día del eclipse ya no podía, ni tenía el derecho de llegar a él a través de ninguna forma humana. Anne solo quería darle un mensaje, pero sabía que el único Antoine que querría recibirlo, era el Antoine que vivía en ella, era todo lo que quedaba de él, el vivo recuerdo que se encendía en ella, cada atardecer, con el viento en otoño, en primavera, con la noches estrelladas de verano. Y a pesar de que estas palabras hablan de muerte, de distancia, de limites, ninguna de ellas se siente en verdad como un final, porque Anne sigue sintiendo, y Antoine, aún está vivo, sea quien sea ahora, alguna vez fue el joven que la amo antes del eclipse, y en algun momento el circulo que cerró ese día o el circulo que se abrió ese 15 de octubre, traerá un nueva historia, una que complete esta y aquella, y que permita sentir un fin en Anne y en Antoine.

martes, 16 de abril de 2013

La partida.

Ya no habían más sonidos a su alrededor, ya no veía a nadie, ya no sentía nada más. El Sacerdote pronunciaba cosas inteligibles, la miraba cuando pronunciaba una oración, y luego volvía la vista al féretro con la misma compasión que le rendía a ella.
Ante sus ojos nublados, en una caja de madera, ya no yacía nada, ya no había nada por lo que permanecer ahí, porque eso era lo que hacía brotar el dolor que la había hecho perder todo sentido, que frente a ella ya no había nada. Ahora estaba más sola que nunca en el mundo, ya nadie nunca más volvería a dar su vida por ella, ya nadie la defendería con fe ciega, ya nadie la aceptaría tal y como era, a veces como un ser frágil que lucha por ser mejor, otras más como un monstruo cegado por la ira. Su padre, desde que la vio nacer la amo, y la quiso hasta el último respiro, hasta la última vez que pudo ver el mundo antes de partir. Anne lo sabía, y ya nada, ni nadie podrían sacarla más de aquella caja de madera, en la que no yacía su padre, sino ella sin fe en sí, y sin fe en que alguien pudiera irradiarla, pues el único hombre que había creído en ella en el mundo ya no estaba nunca más.

jueves, 4 de abril de 2013

24 de Abril.

   No habían razones para caminar rápido o lento, no habían motivos para dirigirse a ninguna parte. Anne simplemente sacó su libro conteniendo una idea con la intención de que las lágrimas no brotaran de ella sino del papel. Comenzó todo escribiendo una fecha ficticia, porque siempre creyó que confundir un poco a su memoria terminaría por hacerla olvidar todo con tiempo, y esa era la razón que la llevaba a escribir, olvidar. 

   "24 de Abril. Por la tarde fuimos caminando hacia la calle donde se vendían delantales, el mismo local que habíamos descubierto frente a la pastelería que tenía una torta gigante de fantasía en la vitrina principal , y aunque así no hubiese sido, simplemente estaríamos juntos, riendo, perdiendo el tiempo, disfrutando de la presencia del otro, pero Antoine estaba disperso. Le pregunté muchas veces cosas absurdas para ver si entendía que no quería respuestas, pero seguía la conversación con las más elocuentes respuestas, no quería dejar espacio para los silencios, y yo sabía que él siempre les temía. Tuve el impulso de abrazarlo, siempre lo tengo, pero este último guardaba resabios de angustia y temor. Cuando lo abrasé esta vez, la realidad se hizo presente, y ya no lo sentí a él, sino que aquel frío y temor recobraron forma en un hombre sin expresión,  en un cadáver.  Lo seguí abrazando a pesar de todo, pero ya sabía que no estaba ahí, algo, a lo que temo tanto como a la muerte, lo tenía muerto por dentro, le había cerrado los ojos y los labios, ya no estaba ahí. Luego, cuando dijo: "ya tenemos que irnos",  supe sin necesidad de confirmación que ya no era bienvenida ni esperada, ya estaba sola, y debía caminar como pudiera en dirección a algo conocido y familiar para que alguien me encontrara si ya no quería  caminar más".
Terminó de escribir y las letras se comenzaron a derretir en un charco negro que pareció teñir la totalidad del libro, no sabía de donde venía el agua, pero un trueno le avisó que ya era de noche, que no estaba cerca de casa, que no sabía donde estaba y que el día 24 de abril era en realidad un 30 de julio.

viernes, 22 de febrero de 2013

Antoine.

I
Antoine, era un joven de una silueta extraña, a veces parecía ser tan solo un niño, y otras tantas al verlo caminar con las manos dentro de los bolsillos del pantalón, un diablo que deambula perdido en el mundo, todo dependía del brillo en sus rasgados ojos marrón. Tenía  un cabello hermoso, con finas hebras de un suave color marrón un poco más oscuro que el de sus ojos, como cuando se vierte el chocolate recién derretido , era tan liso y dócil como fibras de seda, y por lo general caía sobre su frente de manera graciosa y sutil. Su rostro era absolutamente simétrico, su tez blanca, sus cejas como si hubiesen sido dibujadas una por una en un orden alterado a propósito para hacerle ver más varonil, una hermosa nariz recta que caía en una boca de labios gruesos y rosados, para terminar en un disimulado mentón. Podría ser una descripción un tanto común para un joven atractivo, sin embargo, un detalle hacía que su belleza no pudiera ser clasificada, incluso a veces de pensarlo, belleza ni siquiera era la característica que se predicaba de su rostro, cuando Antoine miraba fijamente a las personas que le rodeaban, las demás personas, incluso las osadas, involuntariamente se veían forzadas a mirar al suelo, como si evitaran leer un mensaje que por cierto, presentían no querían conocer. Sus ojos, parecían tener vida propia.


II
Una noche se colocó a caminar en la dirección opuesta a la que había planeado. Cuando intentó pensar, se dio cuenta de que solo podía describir lo que veía, era como una vídeo cámara grabando una serie sucesiva de cuadros que pasaban ante sus ojos y que se conectaban fielmente en su cabeza sin la más mínima variación que pudieran causar sus apreciaciones. No habían sensaciones, ni pensamientos, no había nada, siempre era así, no acudían adjetivos, ni verbos a su boca, solo sustantivos, siempre comunes.

III
Una tarde de abril, saliendo del liceo, iba pensando en algo que alguien había gritado en el camino dentro del tumulto de personas que se formaba a esa hora, en la que todos corren por llegar a casa. Se paró con las manos en los bolsillos junto a una amiga que hablaba con alguien más, puso atención a la conversación que era una charla contingente y común en días de descontento y disturbio social , escuchó a la joven de ojos  convincentes hundiendose lentamente en sus palabras. 
- Anne, no me gusta las cosas que dices, mañana hay que venir a clases igual, tú tienes parte del trabajo del martes, y yo no quiero entregarlo tarde, lo sabes bien, o lo traes o tendré que ver otro grupo-, Anne contestó con la misma actitud segura que venía cultivando desde que vio su capacidad de convencer al público, -Has como quieras, pero mañana no vendré, escuché argumentos de una asamblea, en la cual por cierto hice efectivo mi  derecho de hacerme parte, e incluso ejercí mi derecho de hablar dentro de ella, escuché a otros, reflexioné y al fin, cuando culminó en una votación, después de haber seguido todos los pasos propios de una democracia, me hice parte de la decisión mayoritaria, porque mi libertad me permitió exponer mis argumentos y escuchar los de otros alumnos libres, haré a mi libertad una con mi respeto, y cumpliré la decisión que bajo un proceso correcto fue adoptada, aún cuando no coincidiera con la mía. Marice, lo siento, pero si me ves llegar mañana, no solo me miento a mi y a mis ideales, sino también defraudaré al amor de mi vida, que si es cierto que las almas se reencarnan, puede andar por ahí esperando a verme, y yo que ya le conozco a través de Platón, no podré corresponder a su amor con una actitud tan poco honrosa. En fin, que estés bien, ya me voy.- Marice la siguió ofuscada, pensando que Anne desde que estaba sumergida en los famosos libros de filosofía hablaba de cosas que ella ya no entendía, y que no le interesaba entender.
Antoine, las seguía a ambas, pero caminaba ya casi en el aire, iba como bajo hipnosis por la calsada y ya ni siquiera recordaba porque caminaba, solo seguía a la joven que recién había escuchado hablar, y pensaba si era verdad que las palabras pronunciadas eran "democracia", "libertad", "Platón", y todas venían de una misma persona de su misma edad, escuchó a Marice a lo lejos dirigiéndole exaltada unas cuantas palabras en las que no pudo pensar ni hilar. De pronto le dijo a Marice que ya estaba cansada de hablar sin recibir respuesta.- Marice, está oscuro, acompañemos a tu amiga hasta la avenida, luego nos vamos a casa-. Todo esto lo dijo ya lejos de Marice, ya cerca de la joven, que desde entonces para él, se llamaba Anne.

viernes, 1 de febrero de 2013

Anne, Relatos De Escritorio.

I
Por la mañana, un rayo de luz cambió el color que se dejaba ver a través de sus párpados, primero un tenue naranjo hasta tornó en rojo, entraba el viento por la pequeña ventana corredera que había dejado sutilmente abierta en la noche y algunas hojas se habían dejado caer a alguna hora de la madrugada a través de la alcoba. Cuando abrió los ojos completamente, el sol ya estaba en lo alto  y la alarma del teléfono, cansada, dejaba de sonar tras un golpe que debió haberse dado hace algunas horas desde la cama.
Anne siempre al despertar se hacía la misma pregunta de rigor, como si aquel fuera el día, el gran día en que su extraviada mente encontrara la respuesta, y desde entonces, como si fuera un conjuro, todo pudiera arreglarse en su vida, partiendo desde aquel día. Pero nuevamente cuando se preguntó porque debía levantarse, ninguna respuesta acudió en su auxilio.

II
A la mañana siguiente, el comienzo fue distinto, comenzó con  goterones grises derramandose por sus mejillas. Había planeado antes de dormir la estrategia para el gran día, pero durante la noche, un sueño que no recordaba extrañamente le había traído el recuerdo de todo lo que quería olvidar, cuando abrió los ojos el sol no estaba en ninguna parte, y solo contrajo la mirada, tragó la saliva que la angustia le tenía acumulada en la garganta, agarró con mucha fuerza la frazada contra sí y se dio la vuelta dándole la espalda al día, a las horas que venían y a los días venideros. Cuando las lágrimas ya habían dejado de hacer surcos hasta su cuello, aún sin ganas, igual que el día anterior se levantó. Y su día siguió con la voluntaria directriz de no hacer absolutamente nada.

III
Para las 6 de la tarde del viernes, su temperamento había evolucionado como el tiempo luego de un huracán, por la mañana había tenido una gran idea para un cuento, y con la certeza del éxito y la fluidez que otorga la inspiración se había dispuesto a escribir las primeras líneas con la esperanza de que las demás surgieran armónicamente de su imaginación, pero un error en los comandos del teclado, al cual recurría solo cuando no tenía su cuaderno cerca ya que desde siempre tuvo cierta desconfianza en la electricidad , fundada por cierto en infortunadas experiencias, le hicieron perder el emocionante comienzo de "había una vez". Molesta e irritada, durante el día las pocas palabras que salieron de su boca, más bien parecían ladridos de un enfurecido animal.  A las seis de la tarde, caminaba hacía la plaza que quedaba a pocas cuadras de su casa, tenía en la mente la sola idea de que veintiséis años, era suficiente, era un exceso para no tener ninguna idea del futuro, seguía hilando más pensamientos de las mismas tonalidades, cuando su vestido verde se onduló graciosamente, ni siquiera se había percatado de que había llegado al cruce y que un auto había rosado su cuerpo recién.  Miró lejos, y una silueta despistada, la hizo confirmar que su amiga ya estaba ahí, desde que habían acordado el encuentro no sabía que era lo que le iba a decir, pues siempre tuvo la sensación de que a Elisa sus relatos le resultaban repetidos, y que toda la emoción que provocaba la historia en otros, ella la había sentido tiempo atrás al consultarle a las cartas, pero todo aquello era solo una sensación.
Anne caminaba hacía el centro de la plaza, y desviaba la vista hacía las costuras de su vestido, pues siempre le había parecido realmente incomodo el momento entre que se divisa a alguien hasta que se está frente a él. Cuando llego al banco, su amiga ya la esperaba de pie con un fuerte abrazo, y hasta entonces Anne no se había percatado de cuanto lo necesitaba. Eran las seís con diez, cuando Elisa comenzó con su relato de manera alegre y efusiva, parecía no solo que no le importaba tener condescendencia por el triste verano de Anne, sino que su tono de voz y su gesticulación querían dar más énfasis a aquellas ideas felices que la rodeaban. Anne escuchaba atenta y emocionada, consiente de que debía dejar atrás su egoísmo y debía sentirse alegre porque alguien a quien quería realmente, y la cual la vida le estaba dando un gran momento. Luego vino el momento de Anne, y en sus ojos, algo cambió.